La zona entre las calles Caamaño y Monturiol fue urbanizada por Tomàs de Puig (1771-1835), un abogado liberal que colaboró con los napoleónicos durante la invasión francesa. Después de la guerra tuvo que exiliarse y sus bienes pasaron a su nieta, Dolors de Puig, que se casaría con Narcís de Fonsdevila i Xammar, marqués de la Torre. Los terrenos ocupaban el área delimitada por la actual plaza de la Palmera, la plazoleta baja de La Rambla y las citadas calles.

En 1898, la marquesa encargó un nuevo edificio en el solar trasero, en el umbral del jardín de la casa, al arquitecto municipal, Josep Azemar Pont. Su estilo se caracterizaba por incorporar elementos historicistas y por la utilización de materiales nobles en la decoración. El edificio resultante, terminado en 1900, era una construcción de tres plantas y azotea que tenía tres fachadas (dos encaradas a las calles Monturiol y Caamaño, respectivamente, y una tercera que daba al jardín de la marquesa).

El padre de Salvador Dalí instaló el despacho de su notaría en la planta baja de esta edificación, mientras que la familia estableció la residencia en el entresuelo. Es entre estas paredes donde el pintor forjó algunos de los recuerdos y experiencias que lo marcarían de por vida.

Aparte del núcleo familiar formado por el notario Dalí y su esposa, Felipa Domènech, en este inmueble vivieron otros familiares y algunos vecinos con los que el futuro pintor surrealista se relacionó durante su infancia.
El edificio y los vecinos
En las estancias de esta casa fue donde Salvador Dalí construyó algunos de los recuerdos y experiencias que más adelante le servirían de materia prima para empezar a desarrollar su personal lenguaje artístico.
El primer hogar de Dalí

El dormitorio de los padres

«Cuando llegaba la oscuridad de la noche, no me atrevía a cruzar por la habitación de mis padres debido al retrato de aquel hermano y a una reproducción del Cristo de Velázquez». Incluso de mayor, Salvador Dalí recordaba la aprensión que le provocaba cruzar el dormitorio de sus padres (así lo leemos en Las pasiones según Dalí, un libro de entrevistas publicado en 1968), no solo por la dureza de la imagen de un Cristo prendido en la cruz (una figura que, de adulto pintará reiteradamente), sino también por el retrato del hermano desaparecido: un primer Salvador Dalí que había muerto cuando tenía dos años. Nueve meses después del deceso, los Dalí tendrían otro hijo al que también llamarían Salvador, una práctica relativamente habitual en la época que no se lo ponía fácil a quien llegaba al mundo con un nombre asociado a una pérdida. A lo largo de los años, Dalí pintará al hermano y lo evocará, pero sobre todo luchará por afirmarse con una identidad propia.

El baño

Junto con la cocina, el baño es la estancia que mejor se ha conservado a lo largo del tiempo. Ahora bien, no consta ninguna referencia directa a este espacio entre los recuerdos de infancia dalinianos. No obstante, a lo largo de su vida los temas escatológicos fueron recurrentes tanto en su producción pictórica como en la literaria.

La cocina

La cocina, que ha sobrevivido casi intacta al paso del tiempo, era el espacio de la casa más deseado por el pequeño Dalí. Tal y como él mismo explica en sus libros, sus padres le tenían prohibida la entrada, y empujado por las ganas de acceder a aquel recinto vedado, se pasaba horas espiando a las mujeres que allí trabajaban. Su obsesión llegó a tal punto que a los seis años decía que quería ser cocinero. Después, los alimentos aparecerían a menudo en sus obras como parte de su particular mundo onírico.

La galería

La galería era uno de los espacios de la vivienda que más le gustaban al pequeño Salvador y a su hermana. Se trataba de un largo balcón que iba de la calle Monturiol a la calle Caamaño y que tenía 4 metros de ancho. Estaba lleno de macetas con nardos y lirios y contaba con una pajarera donde la madre criaba canarios y palomas, así como con una glorieta.

Los frondosos castaños del jardín de la marquesa de la Torre los protegían de miradas indiscretas y así, sin ser vistos, podían observar las casas de su entorno y el trasiego de la calle mientras les llegaba la música de las sardanas que tocaban las orquestas o cobles en la Rambla.

Según Ana María Dalí, su hermano hizo los primeros dibujos rascando con una cuchara o un tenedor la pintura roja de una mesita que tenían en esta galería.

Dalí, en un texto de juventud reproducido en Nuevas imágenes de Salvador Dalí (1988), asegura que, desde ese espacio, la visión de la casa de la marquesa de la Torre bajo la luz de la luna le recordaba un edificio renacentista de Tiziano.

La notaría

Salvador Dalí Cusí, nacido en Cadaqués, estudió Derecho en Barcelona y aprobó las oposiciones notariales brillantemente. Eso le permitió escoger plaza y se decantó por Figueres, donde se instaló en 1900, por su amistad con Pepito Pichot. Abrió el despacho en los bajos del edificio de la calle Monturiol, que apenas acababa de ser construido. Ese mismo año se casó con Felipa Domènech y la pareja se instaló en el entresuelo de la casa.

Por su posición profesional, Dalí Cusí se relacionó con los principales nombres de la Figueres de la época, que pasaban a menudo por su despacho.

Los Matas

El matrimonio formado por Pere Matas y Maria Elias era originario de Barcelona, pero en 1906 se había instalado en Figueres, procedente de Argentina, donde habían nacido sus hijos. Entre la descendencia destacaba Úrsula, que pronto se hizo popular por su belleza. Fue una de las mujeres que inspiró al personaje de La ben plantada, de Eugenio d’Ors.

Madre e hija pasaban muchos ratos en la galería, donde coincidían con Felipa y Catalina. De aquella vecindad salió una buena amistad.

Para el pequeño Dalí, la familia Matas era el summum de cosmopolitismo, debido a algunas de las costumbres que importaron de Buenos Aires, como la de beber mate, un hábito que también acabarían practicando la madre y la tía del pintor. Dalí incluye una foto de Ursulita Matas en La vida secreta de Salvador Dalí, donde recuerda que le acompañó a visitar el Park Güell de Barcelona.

La abuela y la tía

Cuando en 1910 la abuela y la tía maternas de Dalí, Maria Anna Farrés y Catalina Domènech, dejaron Barcelona para mudarse a Figueres, se instalaron en la vivienda del segundo piso de la construcción.

A partir de ese momento, estrecharon mucho los lazos con la familia del notario Dalí y su esposa. Sobre todo, Catalina, que, tras la muerte de Felipa, acabaría teniendo un papel primordial en la vida de sus sobrinos.

Los Subias

El catedrático de instituto de bachillerato Antoni Subias, muy amigo del notario Dalí, se mudó con su familia a uno de los pisos del edificio.

Su hijo, Joan Subias Galter, era un gran amante del arte y eso hizo que la amistad entre padres continuara durante la siguiente generación, incluso cuando la familia Dalí se trasladó a la otra casa de la calle Monturiol y los Subias se mudaron a la plaza de la Estación.

La azotea

Cuando Dalí era pequeño, desde lo alto de su edificio se podía contemplar una extensa franja de la llanura del Ampurdán, con la Serra de Rodes al fondo. Los hermanos jugaban aprovechando los momentos en que las mujeres de la casa subían a lavar y tender la ropa.

En "La vida secreta de Salvador Dalí", el pintor recuerda que en 1910 un grupo de amigos de la familia se reunió en la azotea para ver el paso del cometa Halley, cuando se aproximó a la Tierra, tal y como hace cada setenta y seis años.