A menudo, al explicar la biografía de una gran personalidad, se descuida la etapa temprana y todo lo que esta implica. No obstante, como reza acertadamente el dicho popular, nadie nace enseñado. Incluso las mentes más brillantes de la humanidad han necesitado maestros para iniciar su proceso de formación. Es el caso de Dalí, que tuvo algunos docentes, ya desde el parvulario, que le ayudaron a encaminar sus pasos, de manera que pudo canalizar su enorme potencial creativo. Sin trabajo ni método, el talento no sirve para construir una carrera artística como la de Dalí. Y eso es lo que le aportaron sus maestros.

Tampoco se pueden ignorar las amistades que hizo durante los años de la infancia y la juventud. Como curiosidad, cabe señalar que algunos de los niños con los que jugaba en la calle o con los que compartía las clases del instituto con el tiempo acabarían siendo destacadas personalidades ampurdanesas. Y otro tanto se puede decir de muchos de sus compañeros de juergas de la Residencia de Estudiantes de Madrid, que se convertirían en referentes de la cultura universal, como él mismo.

Esteve Trayter Colomer

Fue el primer maestro que tuvo el pintor durante sus años de parvulario en la Escuela Municipal. Trayter, coleccionista, dibujante y francófilo, utilizaba un innovador método pedagógico basado en la conversación y el juego que se inspiraba en las teorías del docente alemán Friedrich Fröbel. Esta manera de trabajar ayudó a despertar la creatividad de Salvador Dalí.

Además, fue en esa época temprana cuando Dalí descubrió las ilusiones ópticas y las imágenes de doble sentido, que luego influirían en su producción artística.

Juan Núñez Fernández

Núñez fue profesor de Dalí tanto en la Escuela Municipal de Dibujo, en 1916, como en el Instituto Ramon Muntaner, y enseguida percibió sus dotes artísticas. Según dejó escrito el propio pintor en su diario de juventud, el profesor le animó a dedicarse al mundo del arte y se comprometió a hablar con su padre para que no pusiera impedimentos en su formación artística.

Dalí siempre tuvo palabras de reconocimiento para aquel docente, que le enseñó las bases de la técnica, le inculcó la necesidad del trabajo disciplinado y le descubrió los fundamentos del grabado.

Federico García Lorca

Dalí conoció al escritor andaluz en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Aunque Federico García Lorca era un poco mayor que él, pronto establecieron una fuerte amistad gracias a los intereses que compartían: entre otros, el aprecio por la música popular y tradicional, con la que ambos se habían criado, el entusiasmo por la poesía de Rubén Darío y la fascinación por Francia.

La relación era tan buena que en 1925 y 1927 el pintor invitó al poeta a Figueres y Cadaqués, y la familia Dalí acogió a Lorca en casa con los brazos abiertos. Durante aquellos años, en los cuadros del joven Salvador solía aparecer alguna referencia a su amigo, pero la relación se enfrió debido al enamoramiento no correspondido de Lorca y al progresivo distanciamiento intelectual de Dalí y Buñuel con el artista andaluz.

Luis Buñuel Portolés

Luis Buñuel llegó a Madrid procedente de Aragón con la idea de ser ingeniero agrónomo, pero se convertiría en director de cine.

Pasó siete años en la Residencia de Estudiantes e hizo amistad con Dalí y Lorca. Aquel triángulo, al que se añadió Pepín Bello, se rompió, en parte porque el cineasta no aceptaba la homosexualidad de Lorca y consideraba que era una mala influencia para Dalí. Además, mientras que el pintor y él se acercaban al surrealismo, Lorca se mantenía fiel a un arte más popular y tradicional, con obras como "Romancero gitano", lo que contribuyó a que se distanciaran.

La ruptura definitiva se produjo con el famoso cortometraje "Un chien andalou" (Un perro andaluz), donde Lorca se sintió aludido. A la larga, sin embargo, Buñuel también se acabaría alejando de Dalí por la poca implicación política-ideológica del pintor y por el inicio de la relación de este con Gala.

Imagen: Emmanuel Radnitzky, CC BY-SA 4.0

Jaume “Met” Miravitlles Navarra

El que acabaría siendo comisario de Propaganda de la Generalitat catalana durante la Guerra Civil, fue uno de los mejores amigos de infancia y juventud de Dalí. ueron a clase juntos en los Maristas y en el instituto, y compartieron celda en 1924, cuando fueron encarcelados en Gerona por las autoridades de la dictadura de José Antonio Primo de Rivera.

En 1929, Miravitlles participó en el rodaje de «Un perro andaluz», donde aparece con el pintor haciendo de marista. Después coincidieron en Nueva York, donde Miravitlles se había exiliado, y se encontraban con frecuencia en el hotel Saint Regis para rememorar la Figueres de su adolescencia. Posteriormente se reencontraron en Figueres y colaboraron en la creación del Teatro-Museo Dalí.

Carles Fages de Climent

La relación de Dalí con este particular escritor se remonta a los años del Colegio la Salle, donde ambos cursaron la primaria. Aunque no llegaron a ser amigos íntimos, mantuvieron muy buena relación a lo largo de toda la vida y colaboraron en diversos proyectos creativos.

Dalí ilustró el primer poemario de Fages de Climent, titulado «Les bruixes de Llers», y posteriormente también el libro «Balada del sabater d’Ordis». Además, el pintor expuso en el local nocturno que Fages de Climent abrió en la Selva de Mar durante los años sesenta y le dedicó la acuarela «El Cristo de la tramontana».

Joan Subias Galter

Subias fue el hermano mayor que Dalí nunca tuvo. Con cinco años de diferencia, gracias a este hermano mayor, Salvador se convirtió en un gran conocedor del mundo artístico y de los movimientos de vanguardia que se estaban gestando en Europa. Subias se dio cuenta rápidamente del talento de Dalí y realizó gestiones para que el Ayuntamiento de Figueres le encargara el cartel de las Ferias de La Santa Cruz de 1922.

Buena prueba de la influencia que Joan Subias tuvo sobre el genio surrealista es que su nombre aparece citado en varias ocasiones en el diario juvenil del artista.

Joan Xirau Palau

Coincidió con Dalí en el Instituto Ramon Muntaner y fue uno de los principales integrantes de la revista Studium, sustentada económicamente por su padre, Ramon Xirau Llorens.

Por la amistad que tenían, solía acompañar a Dalí mientras pintaba al aire libre y lo visitaba a menudo en su taller.

Posteriormente, Xirau estudió Farmacia. Después de la guerra, se exilió en México y regresó a Figueres en 1955. Dalí lo retrató en Bañista (1924), y también hizo un dibujo de su hermano Joaquim.

Ramon Reig Coromines

Entabló amistad con Dalí en la Escuela Municipal de Dibujo y la continuaron en el instituto, durante el bachillerato. Ambos compartían la pasión por el arte y a menudo salían a pintar por los alrededores de Vilabertran, donde la familia de Reig tenía una casa.

A diferencia de Dalí, Reig siempre prefirió la acuarela, técnica que dominó hasta tal punto que se le considera uno de los grandes referentes del paisajismo ampurdanés. Además, fue uno de los promotores del Museo del Ampurdán, del que fue conservador hasta el momento de su muerte.

Alexandre Deulofeu Torres

Se trata de uno de los personajes más singulares de la Figueres del siglo XX. Dalí y él eran vecinos de calle y crecieron jugando juntos. Después coincidieron en el instituto.

A pesar de estudiar Farmacia y Química, fruto de su enorme curiosidad desarrolló la teoría matemática de la historia, que permitía prever los ciclos de las civilizaciones y los imperios.

Deulofeu fue alcalde de Figueres durante la guerra y posteriormente tuvo que exiliarse. A partir de los años 50, el reencuentro entre Dalí y Deulofeu dio lugar a una relación caracterizada por su mútuo interés en todo lo relacionado con la historia y la ciencia, temas recurrentes en sus conversaciones.

Melitó “Meli” Casals

Este fotógrafo originario de Vic y formado en Barcelona llegó a Figueres en 1944, donde abrió un estudio en la Rambla. Gracias a su trabajo y a su carácter, hizo amistad con la gente del mundo de la cultura de la ciudad, como Ramon Reig, Carles Fages de Climent o Montserrat Vayreda.

En 1948, cuando Dalí se instaló en Portlligat, el pintor y el fotógrafo empezaron a colaborar con asiduidad, ya que Dalí requería los servicios de Casals para que fotografiara los nuevos cuadros y las performances o retratara a la propia Gala.

Fue él quien, a petición del alcalde de Figueres, propuso a Dalí en 1960 la donación de una de sus obras al museo de su ciudad, el Museu de l'Empordà. Dalí no solo accedió a donar una obra, sino que decidió dedicarle a Figueres un museo completo. Dalí le hizo patrono de la Fundación Gala – Salvador Dalí en 1984. El fondo Meli relacionado con el pintor, que consta de ocho mil negativos, actualmente está custodiado por la Fundación.