La rama paterna también fue importante durante los años de infancia y juventud del artista. Su tío Rafael Dalí era un médico establecido en Barcelona que, a pesar de la distancia, mantenía buena relación con su hermano. De hecho, fue él quien intercedió para que padre e hijo se reconciliaran tras la pelea de 1929 y el posterior distanciamiento.
Salvador Dalí Cusí
Ante su padre, Dalí se sentía como el hijo de Guillermo Tell. Por eso, en 1930 se fotografió con un erizo en la cabeza: era su manzana. Y la mirada a la cámara era la de quien puede morir a manos de quien le ha dado la vida.
Su padre, Salvador Dalí Cusí, notario de profesión y persona muy respetada en Figueres, fue una figura vital para él. Lo admiraba al tiempo que lo temía, y así se deduce a partir de la observación de los retratos que le dedicó los primeros años. Después, como surrealista y seguidor del psicoanálisis, Dalí halló en la figura paterna una constante fuente de inspiración, sobre todo tras la ruptura familiar que tuvo lugar durante los años treinta.