Cuando Dalí quiso convertir Estados Unidos en una tela, pintó una botella de Coca-Cola en el centro de una composición titulada «Poesía de América». La obra data de 1943, cuando llevaba tres años residiendo en los EUA, tras huir de la Segunda Guerra Mundial.

La primera vez que pisó suelo estadounidense, en 1934, empezó a entender que se estaba gestando un nuevo mundo, dominado por los grandes medios de comunicación que trabajaban para satisfacer a las masas, ansiosas de emociones cada vez más fuertes. Es probable que fuera plenamente consciente de ello en 1936, cuando fue portada de la revista Time.

Él, que siempre defendió que el gran público entendía mejor el arte que «los intermediarios culturales», abrazó entusiasmado aquella manera de hacer americana y participó en todo tipo de proyectos creativos, incluida la decoración de escaparates de grandes almacenes, como los Bonwitt Teller’s de la Quinta Avenida. Su propuesta, cargada de elementos surrealistas y provocadores, fue cuestionada por los propietarios del establecimiento, que querían introducir modificaciones. Descontento con el cambio, Dalí intentó restaurar la idea original, pero se produjo un incidente en el que una bañera rompió uno de los cristales del escaparate. Debido a ese episodio, acabó detenido. Y no habría podido tener mejor campaña de promoción. Desde entonces no hubo un solo día en Estados Unidos sin que algún medio hablara del artista catalán.

Mientras tanto, Dalí continuó ampliando horizontes. Fascinado por el cine, fue a Hollywood. Allí conoció a sus admirados hermanos Marx, a los que definía como «tres surrealistas americanos». El director Alfred Hitchcock le pidió ayuda para rodar la escena del sueño que Gregorio Peck e Ingrid Bergman comparten en «Recuerda (Spellbound)». Después colaboró con Walt Disney y, aunque el proyecto no fructificó del todo, quedó su fascinante corto animado Destino, producido en 2002.

El genio surrealista también supo aprovechar la llegada de la televisión para construir su personaje. Una vez que los hogares americanos se llenaron de televisores, las marcas se valieron de este medio para deslumbrar a la población con la publicidad, que encontró en Dalí un aliado. Y lo mismo sucedió cuando volvió al Ampurdán. Desde aquí, Dalí trabajó para todo tipo de productos comerciales, desde bebidas alcohólicas hasta marcas de chocolate.

Portada revista Time, 14 diciembre 1936
Fotógrafo: Man Ray. Time ltd, ©FGSD

“Lo que quiero es que todos los días se hable continuamente de Dalí, incluso en el caso de que se hable bien”

— Dalí, Entrevista a TVE, 1970