El dormitorio de los padres
«Cuando llegaba la oscuridad de la noche, no me atrevía a cruzar por la habitación de mis padres debido al retrato de aquel hermano y a una reproducción del Cristo de Velázquez». Incluso de mayor, Salvador Dalí recordaba la aprensión que le provocaba cruzar el dormitorio de sus padres (así lo leemos en Las pasiones según Dalí, un libro de entrevistas publicado en 1968), no solo por la dureza de la imagen de un Cristo prendido en la cruz (una figura que, de adulto pintará reiteradamente), sino también por el retrato del hermano desaparecido: un primer Salvador Dalí que había muerto cuando tenía dos años. Nueve meses después del deceso, los Dalí tendrían otro hijo al que también llamarían Salvador, una práctica relativamente habitual en la época que no se lo ponía fácil a quien llegaba al mundo con un nombre asociado a una pérdida. A lo largo de los años, Dalí pintará al hermano y lo evocará, pero sobre todo luchará por afirmarse con una identidad propia.